viernes, 16 de septiembre de 2016

Tras el hueco: la luz.

     Siento mis músculos de nuevo estirarse, como un hilo, hacia lo alto. Resurjo, poco a poco, de las cenizas. No como un rezo, no un sollozo, no una posibilidad. Sólo creencia volcada sobre este templo-cuerpo que está volviendo en sí. Hoy he dicho shanti, he pensado en la tribu y me he sentido inmensamente feliz por un instante en el que esa lágrima no era de vacío, ni ausencia, ni dolor, ni asco. Ni siquiera vergüenza. Sólo la carne soltándose, hasta que el agua sea clara de nuevo.