martes, 2 de agosto de 2016

Temer el hueco.

     Hoy no he podido dormir. M. y Ss. volvían a México definitivamente y yo llevaba ya unos días reteniendo el llanto. Me sigue maravillando lo fácil que resulta en ocasiones tejer lazos tan fuertes y sanos en poco tiempo. Ojalá todos fueran del mismo tipo. Temo por quién ocupe ahora el lugar de M. en la pieza: si será respetuosa, si tendrá sentido del humor, si será ordenada, si hablará correctamente español, si será silenciosa. En tres días llegará. Una vez llegó el taxi que los llevaba al aeropuerto y los vi hacerse chiquitos tras abrazarlos, cerré la enorme puerta de madera, subí las escaleras, entré al cuarto y cayeron los nervios, la incertidumbre, los miedos y la tristeza. 
     Pero me metí en la cama y sólo era capaz de pensar en otra cosa: en un rato volvería a ver a Edu.

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